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 La sal, ¿cuánta puedo tomar? ¿Qué perjuicios tiene y a partir de qué nivel de consumo?

 
 

 23/02/2018

La sal es el gran aliado de nuestras recetas, pero también un gran amigo de los productos procesados de la industria, ya sean dulces o salados. El sodio es necesario para la vida y la sal en su justa medida no supone un problema para la salud de nadie. Ahora bien, como todo en exceso es malo, si nos pasamos hablaremos de riesgos aumentados de: enfermedades cardiovasculares, hipertensión Arterial, Osteoporosis… e incluso se ha llegado a hablar en algunos estudios de su posible relación con la Diabetes Mellitus tipo II, problemas renales… Aún es necesario mucha más investigación para hacer sólidas muchas hipótesis, pero lo que sí tenemos claro desde ya es que tenemos que restringir su consumo y que la mayoría, nos pasamos con la sal.

La sal o Cloruro de Sodio está compuesta aproximadamente en un 40% de sodio y un 60% de cloro. Ambos minerales son necesarios pero podemos obtenerlos sin consumir sal.

 

No en vano, la OMS ha fijado el consumo máximo de sal en 5 gramos diarios, la mitad del consumo medio real en el mundo. Y esta sal incluye la del salero y la que no vemos, pero debemos controlar leyendo el etiquetado nutricional.

Y antes de pasar a la siguiente cuestión típica ¿entonces cuanta sal me puedo echar? Lo solucionamos deprisa: no necesitamos sal añadida para nada. Cierto es que existen unas recomendaciones diarias de sodio, se llaman Ingestas Recomendadas (IR), y podemos alcanzarlas sin apenas tener un salero de mesa. Los alimentos contienen de forma naturalmente presente sodio y no necesitaríamos más. Además, otros alimentos que pueden ser saludables como anchoas, pescado enlatado, algunos quesos… son también altos en sodio añadido.

El exceso de sal contribuye a retiene líquidos, que ejercen un aumento de la presión sobre las arterias ocasionando una hipertensión. Es la causa de la mayoría de los derrames cerebrales y enfermedades del corazón. El principal beneficio de reducir la ingesta de sal es la disminución de los valores de la tensión arterial. Durante este proceso, las arterias pierdan elasticidad y se endurecen dificultando la circulación de la sangre y el consecuente sobreesfuerzo para el corazón, dañando este también.

Además, un consumo excesivo de sal provoca la eliminación de calcio por la orina en el proceso de la eliminación del sodio, lo que conlleva una descalcificación del tejido óseo, causa de la Osteoporosis.

 

Los Estados Miembros de la OMS han acordado reducir el consumo de sal en un 30% de aquí a 2025, reduciendo así un factor de riesgo de las cardiopatías. Y es que estiman que se podrían evitar 2,5 millones de defunciones cada año si el consumo de sal se redujera al nivel recomendado como máximo.

 

La sal enmascarada es uno de los principales problemas…

Lo tendríamos fácil sabiendo que el 80% del consumo de sal proviene de alimentos envasados y precocinados. Es decir, gran parte de la sal que tomamos diariamente pasa desapercibida porque no la hemos añadido de forma consciente con nuestro salero en casa, sino que ya venía añadida de antes.  Quien más puede hacer por tanto, es la industria alimentaria reduciendo al cantidad contenida en sus productos, pero en vista que no lo hace, la sanidad pública ahorraría muchos millones de euros haciendo campañas de concienciación al ciudadano.

 

Con todo, no creen que siendo nosotros los más interesados, ¿debemos hacerlo por nuestra salud y reducir la cantidad diaria ingerida de sal? Claro que sí, reduciendo la sal en la cocina, retirando el salero de la mesa, pero sobre todo reduciendo el consumo de productos ultraprocesados ricos en sal.

 

Alimentos con mayor contenido en sal:

Los de mayor contenido en sal son los envasados cárnicos, sobre todo embutidos, fiambres,… el queso y los enlatados como las conservas de pescado, principalmente anchoas y sardinillas. También los snacks como: patatas fritas, frutos secos salados… Pero también alimentos dulces como galletas, cereales de desayuno, bollería… que no esperamos que sean altos en sal porque teóricamente son dulces. Hemos de estar alerta cuando compramos y leer el etiquetado siempre, pues nos llevaremos sorpresas:

LA LISTA DE INGREDIENTES Y LA TABLA DE COMPOSICIÓN NUTRICIONAL.

            

 

Tenemos que conocer siempre cuántos gramos de sal contienen los productos que compramos. Cuando aparece la información en gramos o miligramos de sodio, podemos hacer la conversión a sal mediante una fórmula sencilla: los gramos de sal, multiplicando el sodio por 2,5. En España es obligatoria esta información en el etiquetado.

 

Al principio cuesta acostumbrarse a un alimento bajo en sal que nos resulta más insípido al tener las papilas gustativas hechas al sabor salado, pero en poco tiempo, acabamos apreciando el alimento natural, reconociendo una gama más amplia de sabores.

También podemos sustituir la sal por algunas especias o condimentos beneficiosos para la salud, que nos harán el cambio más fácil: como el ajo, la cebolla, la pimienta, eneldo, comino, orégano… pero esto lo trataremos en el siguiente post con mayor profundidad.

¡Disfrutemos del sabor real de los alimentos y disminuyamos el consumo de productos ultraprocesados!

 

                 

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